viernes, 16 de enero de 2015

CRÍTICA WHIPLASH (2014)

WHIPLASH (2014) DAMIEN CHAZELLE
Reparto: Miles Teller, J.K. Simmons, Melissa Benoist, Paul Reiser, Austin Stowell, Jayson Blair, Kavita Patil, Kofi Siriboe, Jesse Mitchell, Michael D. Cohen, Tian Wang, Jocelyn Ayanna, Tarik Lowe, Marcus Henderson, Keenan Henson.

Valoración: 8 / 10

LA LETRA CON SANGRE ENTRA
Por Lucía Pérez García

Con sangre, sudor y lágrimas. Literalmente. Y si no entra, sillazo en la cabeza. Literalmente también. ‘Whiplash’ es tensión, agonía, impotencia y dolor, pero también esfuerzo, superación, orgullo y triunfo. ‘Whiplash’ es el tormento y el éxtasis en ritmo sincopado. Es el doloroso placer del buen jazz unido al lejano recuerdo de su significado primigenio de esclavitud. ‘Whiplash’ es, literalmente, una experiencia que traspasa la pantalla.


La atmósfera fría y seria, entre los nervios del espectáculo, la disciplina de los ensayos y el miedo a fallar, al fracaso; se difumina con el carácter y el físico (firme, severo, casi terrorífico y siempre de negro) del profesor Terence Fletcher (J.K. Simmons). Cada plano se fusiona con la tensión del momento. Tan solo cuando la música fluye en su más melodioso apogeo se puede respirar, más o menos tranquilo, el poco aire que la excitación deja entrar en los pulmones y en los músculos exhaustos.


La percusión jazzística da un nuevo golpe de efecto (después de causar un gran efecto golpeando el subconsciente de Michael Keaton en ‘Birdman’) erigiéndose como dominadora de una banda sonora que no puede más que dejarse ver continua y físicamente. No escuchamos la música, VEMOS la música. Casi no hay espacio para la subjetividad de los sentidos porque cada nota, cada ritmo y cada compás se materializan en los gestos y el esfuerzo físico de los personajes, convirtiéndose  en protagonistas de un reparto que se deja, otra vez literalmente, la piel en cada escena.



Es J.K. Simmons y sus brutales gritos e improperios, Teller y su tenacidad casi suicida, la batería, como un personaje más, sus vibraciones y la humedad del desfallecimiento: un platillo y una gota de sudor, un tambor manchado de sangre, un pedal que ya no da más de sí y unas baquetas descontroladas que en ningún momento piensan en perder el combate por KO. Y es, por encima de todo, la pasión y el amor por la música. Hay amores que matan y hay quien es capaz de morir por amor.



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