jueves, 4 de abril de 2013

CRÍTICA LA VIDA DE PI (2012)


LA VIDA DE PI (2012) ANG LEE

Valoración: 9 / 10
HABEMUS DIOS

Por Lucía Pérez García

En el Olimpo se celebraba un gran acontecimiento. Un acontecimiento irrepetible. Hasta allí se habían desplazado todos los dioses del universo para decidir cuál de todos era el más verdadero y cual el más impostor. Era éste un problema difícil de resolver. Pero era necesario poner solución a los conflictos del hombre, y aquella, en sus divinas opiniones, era la única solución.
El primero en tomar la palabra fue Dios:
-Hermanos. Estamos aquí reunidos para tomar la decisión más importante de nuestras inmortales vidas. Es necesario que no nos precipitemos.
-Por Tutatis-espetó Thor ¿A qué viene tanta formalidad?
-No deberías, hermano mío, usar el nombre de un compañero en vano.
-Perdón. No quería ofender a su majestad. Pero es que me parece que esta reunión es absurda. Nunca llegaremos a un acuerdo.
-No desesperes hijo mío.
-¡Y dale con que todos somos tus hijos! – Gritó Ala desde el otro extremo de la sala –No le basta con llamarse Dios, como si fuera el único, que encima quiere tener familia numerosa. Como si por ello le hicieran descuento en el paraíso.
-Cuida tus modales Alá. Sabemos que estás molesto porque no hemos dejado entrar a Mahoma. Pero compréndelo. Mahoma es solo un profeta y en el Olimpo solo pueden entrar los dioses. – dijo Zeus intentando contener su furia.
-¡Mahoma es más dios que muchos de los aquí presentes!
-Bienaventurados los humildes de corazón porque ellos verán a Dios.
-Bla, bla, bla…a mí no me vengas con sermones. Bien sabes que en el fondos tú también eres solo un profeta, y de mucha menos calidad que mi Mahoma.
-Deja en paz a Dios, Alá, no sea que te expulse del Paraiso. ¿Qué iba a ser de ti entonces? Piensa en esas pobres mujeres a las que ibas a pivar de tu eterna compañía…-dijo Brahma irónicamente.
-Ya tuvo que saltar el señor ocho ojos capitán de los repiojos.- Díjolo Alá y punto redondo.
-Un poco de paz por favor. Así no vamos a llegar a ningún sitio.- dijo Buda mientras masticaba un gran trozo de grasa de toro de sacrificio.
-¡Pero si aun no hemos bendecido la mesa!
-No te preocupes Yaveh.- le tranquilizó Hera- Ya me encargué yo de que toda la comida fuera bendecida por los ritos conocidos y por conocer.
-En fin.- suspiró Thor- dejémonos de tonterías y pasemos a lo que interesa. Ya os dije yo que no nos íbamos a poner de acuerdo.

Así, los dioses pasaron a exponer sus opiniones. Pero pasaban los años, los siglos, las eras…y el problema seguía sin resolverse. Todos querían ser el dios verdadero, pero su humildad y su voto de pobreza les impedía demostrar tal avaricia. Total, que la fumata siempre era negra, lo cual había llegado a provocar tales tormentas que el mundo casi se inunda. Sí, como en la época de Noé. Y algo de aquel entonces pareció repetirse…
En una barca, en medio del océano infinito, había quedado abandonado un niño con cuatro animales tras hundirse el barco que los llevaba a Canadá. La ley del más fuerte había acabado con tres de ellos, dejando al niño solo con el más fuerte, un tigre que, para más inri, se llamaba Richard Parker. Si ya es difícil naufragar con un tigre por único compañero, más lo es aún con uno que lleva nombre de paisano. Pero es que el niño no tenía un nombre menos peculiar. Piscin se llamaba, de piscina. Dios los cría y ellos se juntan…perdón. Los dioses los crían y ellos se juntan.
Ambos vagaban mecidos por las olas hacía un futuro incierto. El horizonte era cada vez más lejano. El agua cambiaba de color a cada momento. Ora azul, ora rojo, ora amarillo. El cielo se volvía intenso y tronaba, para luego tranquilizarse y dejarse cuidar por el sol. La calma daba paso a la violencia y ésta, a su vez, a la calma. Todo era sublime, como sublime era la vida de Pi y de Richard Parker.
El tigre tenía una mirada misteriosa. Tan pronto estaba llena de alma, como vacía de espíritu. Y el niño tenía un corazón sobredimensionado, en el cual cabían todas las cosas de este y del otro mundo. No podía el tigre devorarle, pues su corazón le hubiera matado de una indigestión. Así que prefirió acompañarle en su aventura.
Los días pasaban y las aguas seguían siendo las mismas. Tan hermosas como  intimidantes. Pero tan hermosas…
Vieron esto los dioses desde el Olimpo, los cuales dejaron apartada su disputa para contemplar con asombro el panorama. De repente algo se iluminó en el cielo. La solución se presentó ante sus ojos y no quisieron perder la oportunidad.
Quiso entonces Dios…perdón otra vez. La costumbre. Quisieron entonces los dioses que la barca llegara a buen puerto.  Decidieron que la vida de Pi era digna de ser compartida por todo el mundo, para que todo el mundo comprendiera. Para que todo el mundo supiera que  un corazón bondadoso flota más que el barco más preparado. Para que todo el mundo tuviera fe. Una fe tan grande como el océano y tan amplia como el horizonte, donde tuvieran cabida todos y cada uno de ellos, como si de uno solo se tratase. Si, esa era la solución al problema. Y una gran nube blanca cruzo el cielo. ¡Habemus papa! Que diga: ¡Habemus Dios!

-Alegraos hermanos porque hoy estaremos todos juntos en el Paraíso.
-¡Y Mahoma será nuestro profeta!
-Amén.

“Si crees en todo, el resultado final será no creer en nada”. Pero si no crees en  nada ¿Qué te queda?...creer o no creer, esa es, pues, la cuestión. Ang Lee creyó, y fue recompensado con cuatro Oscar (director, fotografía, banda sonora y efectos visuales). Yo también creo (aunque no creo que me den un Oscar por ello) ¿Y tú?


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